La altura y profundidad del debate político actual han hecho de la inmigración una más de las pelotas de pádel que los partidos se lanzan entre sí. Huelga decir que de ese debate no saldrá solución alguna. Afortunadamente, una nota de opinión del Cercle d’Economia del pasado mes de febrero aborda el asunto en sus aspectos económicos y sociales y los sitúa bajo el prisma de lo que debe ser el objetivo último del proceso migratorio: la integración, elemento indispensable de la cohesión social. Del éxito o del fracaso del largo proceso de integración dependerá nada menos que el futuro de nuestra convivencia.
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