Lejos de las obligaciones matrimoniales y familiares las monjas se convirtieron en las cantantes, directoras de orquesta y compositoras más vanguardistas de su tiempo. Sus voces y melodías eran tan fascinantes que multitudes enteras abarrotaban las iglesias solo para escucharlas a través de las rejas, desafiando las estrictas normas de unos obispos que miraban con recelo cómo el arte femenino florecía en el rincón más inesperado.
En esta cuarta entrega, Isabel Barrios nos habla de la música en los conventos.











