La tarde que me compré las náuticas estaba despistada. O eso, o aquel día cada pie se me había encogido un centímetro, algo que cuesta creer. Resumiendo, adquirí unos zapatos demasiado pequeños. Y durante meses, como una hermanastra de Cenicienta, he intentado llevarlos, a ver si por arte de magia de repente un buen día me iban bien. Finalmente, anteayer me rendí y me compré, tozuda, el mismo calzado pero de un número más.
]]>



