Hay partidos que quedan guardados en la memoria colectiva no por el brillo del juego, sino por la épica, el sufrimiento y el desahogo. Un día como hoy, pero de 1990, la Selección Argentina protagonizaba una de las mayores hazañas de la historia de los Mundiales al eliminar a la poderosa y favorita Italia en las semifinales de su propio torneo.
La cita fue en el mítico Estadio San Paolo de Nápoles, una tierra dividida por el amor a Diego Armando Maradona. El clima era de una tensión absoluta. Italia llegaba con la valla invicta y el arco de Walter Zenga parecía inexpugnable, algo que se confirmó cuando Salvatore «Totò» Schillaci abrió el marcador a los 17 minutos del primer tiempo.
Sin embargo, el orgullo del campeón defensor estaba intacto. A los 22 minutos del complemento, tras un centro preciso de Olarticoechea, Claudio Paul Caniggia peinó la pelota anticipando a Zenga y estampó el 1 a 1 definitivo. El alargue mantuvo el empate y abrió paso al terreno de los nervios: la definición por penales.

Del banco de suplentes a la inmortalidad
El destino de aquel Mundial ya había cambiado tras la fractura de Nery Pumpido en la fase de grupos, lo que le dio la titularidad a un joven Sergio Javier Goycochea. El arquero surgido en River ya se había vestido de héroe en los cuartos de final ante Yugoslavia, pero la noche de Nápoles lo consagraría para siempre.
En la tanda desde los doce pasos, Argentina ejecutó con precisión quirúrgica: José Serrizuela, Jorge Burruchaga, Julio Olarticoechea y el propio Maradona convirtieron sus remates. Pero la gloria eterna llegó desde los doce pasos defensivos:

- Primero, volando hacia su izquierda, Goycochea le contuvo el remate a Roberto Donadoni.
- Inmediatamente después, arrojándose sobre el mismo palo, tapó el tiro definitivo de Aldo Serena.
La corrida descontrolada del «Goyco» con los brazos abiertos, seguida por el abrazo de todo el plantel, quedó grabada como una de las postales más icónicas del deporte argentino.
El recuerdo eterno en las calles porteñas
A 36 años de aquella gesta, el eco de los bocinazos y los festejos que inundaron el Obelisco y las principales avenidas porteñas sigue vivo en cada rincón de la Ciudad. Italia ’90 no terminó con la Copa en nuestras manos, pero dejó un equipo de sobrevivientes que, liderados por Maradona y salvados por las manos de Goycochea, le enseñaron al mundo el verdadero significado de la resiliencia futbolística.



