A medio siglo de los secuestros que dieron nombre a uno de los episodios más recordados de la última dictadura cívico-militar, la ciudad de La Plata vuelve a poner en el centro de su memoria la historia de diez estudiantes secundarios. A 50 años de la «Noche de los Lápices», seis de ellos continúan desaparecidos y cuatro sobrevivieron tras atravesar el horror de los centros clandestinos de detención.
Entre el 8 y el 21 de septiembre de 1976, grupos de tareas de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (al mando de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz) desplegaron un operativo represivo que arrancó de sus hogares a jóvenes menores de 18 años. Estudiaban y caminaban por los mismos pasillos que hoy recorren miles de chicos: Claudia Falcone (16) y Francisco López Muntaner (16) en el Bachillerato de Bellas Artes; Horacio Ungaro (17) y Daniel Racero (18) en la Normal N°3; Claudio de Acha (17) en el Colegio Nacional; y María Clara Ciocchini (18), exalumna en Bahía Blanca. A ellos se sumaron Gustavo Calotti (18), Emilce Moler (17), Patricia Miranda (17) y Pablo Díaz (18).
Los jóvenes fueron trasladados por distintos centros clandestinos, como Arana, el Pozo de Banfield y el Pozo de Quilmes. Falcone, López Muntaner, Ungaro, Racero, de Acha y Ciocchini permanecen desaparecidos.
Mucho más que un boleto estudiantil
Durante décadas, el imaginario colectivo y obras culturales (como la emblemática película de Héctor Olivera de 1986) asociaron directamente estos secuestros al reclamo por el boleto estudiantil secundario, una conquista lograda un año antes, en septiembre de 1975. Sin embargo, los propios sobrevivientes se han encargado de profundizar esta mirada.
Emilce Moler planteó con claridad que esa explicación resulta incompleta. La persecución, el secuestro y las torturas estuvieron vinculados, fundamentalmente, a la fuerte militancia política de los jóvenes, quienes en su mayoría integraban la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y la Juventud Guevarista. El operativo, documentado por inteligencia policial, buscaba aniquilar lo que los represores consideraban un «potencial semillero subversivo».
El largo camino de la Justicia
El caso alcanzó notoriedad pública y marcó un hito histórico el 9 de mayo de 1985, durante el Juicio a las Juntas. Ese día, Pablo Díaz relató las condiciones de cautiverio y el recorrido de sus compañeros, asumiendo el compromiso que había tomado con ellos. Al finalizar, el fiscal Julio César Strassera le dijo una frase premonitoria: «Vas a hacer historia».
La Justicia tardó décadas en alcanzar a todos los responsables. En 2012, la causa «Circuito Camps» dictó sentencias fundamentales, y recientemente, en 2024, el «Juicio Brigadas» condenó a represores como Juan Miguel Wolk, vinculado al Pozo de Banfield, por los delitos cometidos contra los jóvenes.
Hoy, en 2026, la Universidad Nacional de La Plata transita un año declarado de conmemoración oficial. A 50 años, los nombres de los estudiantes siguen resonando en las aulas, dejando en claro que en La Plata los lápices siguen escribiendo.
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