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Argentina es el país que posee en La Patagonia el segundo árbol más antiguo del mundo y sobrevive en un rincón protegido de Chubut inaccesible por tierra firme.
10 de julio de 2026 – 10:06
Argentina es el país que posee en La Patagonia el segundo árbol más antiguo del mundo y sobrevive en un rincón protegido de Chubut inaccesible por tierra firme.
En pocas palabras
Argentina es el país que posee en La Patagonia el segundo árbol más antiguo del mundo y sobrevive en un rincón protegido de Chubut inaccesible por tierra firme.
Resumen generado por Thinkindot AI
Argentina es uno de los países que posee grandes tesoros de la naturaleza y en La Patagonia se encuentra el segundo árbol más antiguo del mundo, sobrevive en un rincón protegido de Chubut inaccesible por tierra firme.
Este gigante árbol tiene más de dos mil seiscientos años de edad y nació mucho antes del Imperio Romano. Para los científicos es una maravilla.

Argentina es el país que posee en La Patagonia el segundo árbol más antiguo del mundo y sobrevive en un rincón protegido de Chubut inaccesible por tierra firme.
Dónde ver al Alerce Abuelo en Chubut
El hogar de este gigante es el Parque Nacional Los Alerces, un territorio de 260.000 hectáreas situado cerca de la ciudad de Esquel. En 2018, la UNESCO declaró esta área como Patrimonio Mundial, reconociendo la importancia crítica de preservar ecosistemas que albergan vida tan antigua.
Llegar hasta su base no es una tarea sencilla, y esa dificultad geográfica funciona como un escudo natural. El acceso requiere una combinación de navegación por lagos y senderismo a través de bosques milenarios, lo que ha mantenido al ejemplar a salvo de la intervención humana masiva durante siglos.

Argentina es el país que posee en La Patagonia el segundo árbol más antiguo del mundo y sobrevive en un rincón protegido de Chubut inaccesible por tierra firme.
La extraordinaria longevidad de este alerce no es una casualidad biológica
La extraordinaria longevidad de este alerce no es una casualidad biológica, sino el resultado de su adaptación al rigor del entorno. En los suelos pobres en nutrientes de la cordillera y bajo climas extremos, estos árboles crecen apenas un milímetro por año. Esta parsimonia permite que su madera se vuelva extremadamente densa y resistente a plagas y pudrición.






