Argentina… ¿racista?

El Mundial ya se fue, pero dejó instalada en la prensa internacional y, más aún, en las redes sociales una campaña “anti-Argentina”. Hoy, para el mundo, somos el país más racista del planeta. Allí surge la pregunta que nadie puede evitar hacerse: ¿es Argentina racista?
Durante los últimos días lo único que circuló en redes y en los algoritmos de Twitter es el mismo lema, “Argentina: el país más racista del mundo”. Está fake new, que tardó solos unos cuantos días en difundirse y que no sabemos cuánto tardará en apagarse, pero de seguro no será en el corto plazo, se originó con el Mundial y con una pregunta: por qué no hay jugadores negros en la Seleccion Argentina.

No es la primera vez que Argentina es acusada de racista. Ya ocurrió con los nazis, estereotipo que continúa desde la década del 40, y que no tiene ningún fundamento ni prueba sólida. De que hubo nazis en nuestro país no es ningún mito, lo que sí es un mito es el discurso de que los supuestos miles que arribaron en nuestro país amparados por el gobierno argentino. A diferencia de países como Estados Unidos, donde miles de nazis fueron recibidos y protegidos por el estado para trabajar en sus agencias gubernamentales, en Argentina, aquellos pocos que lograron llegar, lo hicieron de forma clandestina.

Otra de las acusaciones en las que Argentina se vio apuntada en los últimos días fue por ser “pro Israel». La realidad es que, hoy en día, con Javier Milei como máximo mandatario de nuestro país, frente al mundo somos uno de los pocos– uno de dos, de hecho– países que apoya a Israel. Nos guste o no, eso es así. Somos, junto a Estados Unidos, el único país cuya “línea oficial” es apoyo hacia Israel por el genocidio que estan cometiendo contra el pueblo palestino.

Pero retomando las nuevas acusaciones sobre racismo y retomando la pregunta inicial, ¿es Argentina un país racista? la respuesta corta es sí. Incluso negar que nuestro país sea racista, contribuye, justamente, al estereotipo al que hoy nos enfrentamos. Al igual que América Latina y el resto de los países que forman este planeta, sí lo somos. Incluso al igual que Estados Unidos, país que abolió la esclavitud luego de una guerra civil entre los estados del norte y los estados del sur. Guerra que fue seguida por años y años de segregación y discriminación, todos sabemos el país que es hoy Estados Unidos.

Foto de Reuters. En Washington, una pasajera afroamericana rodeada por supremacistas blancos.

Si nos remontamos a la Argentina colonial, el puerto de Buenos Aires fue, al igual que otros, un punto importante dentro del tráfico de esclavos.  Entre 1777 y 1812 entraron al puerto de Buenos Aires y Montevideo más de 700 barcos, por ese número se calcula que llegaron 70 mil esclavos africanos. Hacia 1810, la capital tenía alrededor de 40 mil habitantes y se calcula que un tercio eran de origen africano. En la Constitución Nacional de 1853, con la Revolución de Mayo y la Independencia ya declaradas, se incluyó un artículo que declaraba:

Artículo 15.- En la Confederación Argentina no hay esclavos: los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución; y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración. Todo contrato de compra y venta de personas, es un crimen del que serán responsables los que lo celebrasen, y el escribano o funcionario que lo autorice.

Aún siendo libres, los negros, al igual que los indígenas, los mestizos y los mulatos, continuaron sufriendo discriminación. Luego, ya para fines del siglo XIX, las clases altas expandieron esa discriminación y estigmas que sufrían los afrodescendientes hacia el resto de las clases sociales por debajo de las suyas. Desde entonces, y hasta hoy en día, al pobre se lo marca como “negro”, tenga o no la piel oscura. De allí la frase que mucha gente utiliza aunque no la pueda ver como discriminatoria, no es negro de piel, es “negro de alma”.

Ya sabemos que Argentina es racista y los orígenes de ese racismo, pero ¿es Argentina más racista? ¿Es, realmente, el país más racista del mundo?. Si lo llevamos a datos empíricos, según la Integrated Values Survey, Argentina está entre los países donde menos personas dicen que les molestaría tener un vecino de otra raza, incluso por debajo de Estados Unidos, España u otros países de América Latina. Esto no quiere decir que no seamos racistas, si no que no somos particularmente más racistas que otros países, como se está queriendo instalar.

El racismo en la Argentina existe y tiene una historia concreta, pero esa historia no se explica con categorías pensadas para otras sociedades. El debate estadounidense sobre raza, por ejemplo, suele dejar afuera la relación entre etnicidad y clase, que en América Latina, pero más aún en Argentina, es central para entender el fenómeno. Lo que importa, en definitiva, es la materialidad del racismo: lo que efectivamente sufre un cuerpo no blanco en un país que sigue mirando con sospecha al que no es blanco. Combatir eso no requiere que otros nos señalen desde afuera. Requiere discutirlo acá, con nuestros propios términos.

Redacción

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