Bajar el dedo acusador

¿Qué le pasa a la religión con el sexo? ¿Por qué Dios estaría tan pendiente de las aventuras íntimas de cada uno de nosotros? ¿No podría ser, por ejemplo, que -contrariamente- celebrara el disfrute de ese goce único que, además, es cercanía de almas y no sólo de cuerpos? ¿Y si hablamos de homosexualidad, acaso a alguien se le ocurre hacerla mandatoria? Entonces, ¿cuál sería el problema de que cada uno elija la pareja que desee?

Mucha gente se aleja de lo religioso por estos preceptos. U otros, como la prohibición del divorcio. ¿Será que la idea de una persona sufriente se considera aún más valiosa que la del deleite con el erotismo? En lo personal, siento que saber si existe o no un ser superior nos está vedado, quizás alguna vez lo sepamos. O nunca. Mientras tanto, hay que vivir intentado una cierta sensación de plenitud, sin molestar al de al lado. ¿Logran eso las religiones? A veces sí, otras, lo dudo bastante. Lo más incómodo es una pretensión absolutista: esto no se puede, esto no se debe. Y el diferente, afuera. ¿No sería mejor integrar y ver qué tenemos en común? Seguro que hay virtudes compartidas. ¿Solidaridad? ¿Infancia protegida? ¿Ayuda médica o psicológica? ¿Planes alimentarios? ¿Debates sobre qué es ser una buena persona?

El filósofo alemán Erich Fromm, que huyó del nazismo, escribió “El miedo a la libertad”, un sugerente ensayo sobre cómo la gente a veces necesita estructuras rígidas -algunos las llamarán autoritarias- pero que otorguen seguridad. Que no dejen espacio para las dudas que nos hacen experimentar arenas movedizas. Hay quienes dicen envidiar a estas personas por su certeza de que existe algo superior, de que todo no está librado al azar. Yo no. Me parece que abrir los ojos y dudar es, de tanto en tanto, doloroso pero a uno lo hace percibirse individuo y no parte de un todo en el que el pensamiento libre queda marginado.

Flora Tristán, militante socialista del siglo XIX, escribió la famosa frase “Proletarios del mundo, uníos”. Quizás se pueda cambiar por “Buena gente, uníos, no os obsesionéis por condenar al prójimo sin razón”.

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Redacción

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