Al menos siete países en el mundo (Uruguay es uno de ellos) lograron, en las últimas décadas, algo que la Argentina todavía no consiguió: sostener un rumbo económico durante 20 años consecutivos. Ese es el punto de partida del 62° Coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), que se realizará del 30 de septiembre al 2 de octubre en Mar del Plata bajo el título “Invirtiendo la historia. 20 años: de promesa a potencia”. Un equipo de economistas convocado por la organización estudió los casos de Israel, Perú, Chile, Polonia, Uruguay, Australia e Irlanda, siete economías que atravesaron procesos de estancamiento y lograron revertirlos para crecer de manera sostenida durante dos décadas.
“Estudiamos qué se necesita para tener años de estabilidad”, explicó Fabián Kon, presidente del 62° Coloquio y CEO de Grupo Galicia.
Los caminos fueron distintos —Chile arrancó bajo una dictadura, Israel contó con un fuerte apoyo internacional—, pero la organización identificó condiciones que se repiten: disciplina fiscal, instituciones fuertes y respeto de los marcos regulatorios en el tiempo. “Los países que desarrollaron una industria mantuvieron el marco regulatorio, sin cambios abruptos con nuevas legislaciones o suba de impuestos”, agregó.
Ese punto —la estabilidad de las reglas más allá de quien gobierne— es el que más preocupa hoy al empresariado. Kon puso como ejemplo la falta de un mercado de crédito de largo plazo. Sin ahorro que se pueda prestar a 10 o 15 años, no hay créditos hipotecarios ni financiamiento genuino para las empresas, y el Coloquio convocará a especialistas para analizar cómo lo construyeron otros países.
Santiago Mignone, presidente de IDEA y socio de PwC Argentina, puso el foco en el costo social y sectorial que implica sostener un cambio de modelo económico. “Estamos en un proceso de transformación, que no es libre de tensiones”, admitió, en referencia a la transición hacia una economía más abierta, donde algunos sectores resultan beneficiados mientras otros deben acelerar su reconversión.
Para Mignone, la respuesta pasa por la competitividad. Cada empresa debe mejorar puertas adentro y, a la vez, reclamarle a los gobiernos la baja de impuestos distorsivos. “Los países que analizamos eligieron un camino y lo sostuvieron. No podemos ir de una banquina a la otra, porque cada vez que hacemos eso dejamos más gente en la pobreza”, advirtió.
Foto: La Nación / GDA.
El diagnóstico no se limita a la macroeconomía. Kon marcó que, si la Argentina crece durante varios años al 2% o 3% anual, va a empezar a faltar talento calificado, en un contexto de cambios demográficos profundos. Es una de las líneas que también recorrerá el Coloquio, que reunirá a líderes empresarios, políticos y sociales para debatir cómo transformar la estabilidad macroeconómica en un proceso de inversión y crecimiento sostenido durante las próximas dos décadas.
Consultado sobre las críticas al actual modelo económico por parte de Axel Kicillof, gobernador de Buenos Aires y uno de los principales referentes de la oposición, Mignone respondió: “El principal opositor dice eso, pero busca el equilibrio fiscal en su provincia. Hay cambios culturales que, si la sociedad los abraza, no sé si hay espacio para otra política inflacionaria para financiar la emisión; eso le va a caber a cualquier candidato”.
Argentina «está en el camino correcto» para lograr el grado de inversión
Por otro lado, el ministro de Economía y Finanzas de Paraguay, Óscar Lovera, aseguró que la Argentina “está en el camino correcto” para alcanzar la categoría de grado de inversión (investment grade) y consideró que el objetivo planteado por el gobierno de Javier Milei para 2031 “podría ser razonable”, aunque advirtió que se trata de un proceso que exige estabilidad macroeconómica, profundización de las reformas y continuidad de las políticas promercado.
“Nosotros vemos de manera favorable la estabilización de la economía argentina, principalmente vinculada con los niveles de inflación que tenía anteriormente y que afectaban también el desempeño económico”, afirmó Lovera, en línea con el planteo empresarial.
En una entrevista con La Nación en el marco de la reunión de directorio de CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, el funcionario repasó la experiencia de Paraguay, que obtuvo el grado de inversión de Moody’s en julio de 2024 y de Standard & Poor’s en diciembre de 2025, después de más de dos décadas de estabilidad macroeconómica, disciplina fiscal y reformas.
Lovera asumió en marzo al frente del Ministerio de Economía y Finanzas de Paraguay, en reemplazo de Carlos Fernández Valdovinos. Economista por la Universidad Nacional de Asunción y con más de 30 años en la función pública, hoy conduce la economía del último país sudamericano que obtuvo el grado de inversión, una categoría que en la región también poseen Chile, Uruguay y Perú.
El funcionario reconoció que el proceso de ajuste genera costos para algunos sectores de la economía, especialmente vinculados a la industria y la construcción, aunque sostuvo que constituye el recorrido necesario para ordenar las variables macroeconómicas. “Entendemos que este proceso de ajuste también está vinculado con cierto shock que genera en algunos sectores, pero es el camino correcto para ir ordenando”, señaló.
“Argentina está en el camino correcto para poder llegar” al grado de inversión, afirmó. Sin embargo, advirtió: “Esto es un proceso, no es inmediato”.
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El grado de inversión es la categoría que las principales calificadoras internacionales reservan para los países considerados con menor probabilidad de incumplir con el pago de sus deudas, es decir, de entrar en default. Alcanzar ese umbral reduce el costo del financiamiento para el Estado y las empresas y amplía el universo de inversores, ya que numerosos fondos institucionales tienen prohibido invertir en deuda considerada “especulativa”.
La Argentina nunca obtuvo esa calificación y su deuda todavía integra el universo de los llamados “bonos basura”. Esta semana, Moody’s elevó la nota soberana desde Caa1 hasta B3 y mejoró la perspectiva de “estable” a “positiva”, con lo que dejó su evaluación al mismo nivel que las otorgadas previamente por Fitch Ratings y S&P Global. Aun así, el país permanece seis escalones por debajo del BBB-, el primer nivel considerado grado de inversión.
En su comunicado, Moody’s destacó el superávit fiscal, la desaceleración de la inflación, la liberalización de la economía y el crecimiento de las inversiones, pero advirtió que la Argentina todavía necesita fortalecer sus reservas internacionales para contar con un mayor margen frente a eventuales shocks externos o políticos.
Ese diagnóstico coincide con el que habían realizado recientemente Fitch Ratings y S&P Global ante La Nación. Todd Martínez, director y codirector de soberanos para América Latina de Fitch, sostuvo que la Argentina ya presenta un perfil fiscal comparable con el de países mejor calificados, pero advirtió que el desafío ahora pasa por consolidar la acumulación de reservas internacionales y demostrar que el nuevo marco de políticas puede sostenerse en el tiempo. S&P, por su parte, remarcó que los países con grado de inversión suelen compartir estabilidad política, instituciones sólidas y reglas previsibles para la inversión.
El diagnóstico de las calificadoras guarda varios puntos en común con el camino que describió Lovera para Paraguay. Según explicó el funcionario, el proceso comenzó con una estabilización económica en 2003 y continuó durante más de dos décadas mediante reformas, disciplina macroeconómica y estabilidad política.
“Ha sido un proceso de reforma, estabilidad económica y estabilidad política. El acumulado de todas esas acciones permitió al país llegar a ser calificado con el grado de inversión”, afirmó.
Incluso antes de recibir formalmente esa categoría, recordó, Paraguay ya lograba colocar bonos a tasas similares a las de países que contaban con el sello de las calificadoras. Hoy, en cambio, el Gobierno argentino busca alternativas de financiamiento porque considera demasiado elevadas las tasas que debería convalidar para volver a emitir bonos soberanos en los mercados internacionales.
Consultado sobre la posibilidad de que la Argentina alcance ese objetivo en 2031, como planteó recientemente el ministro de Economía, Luis Caputo, Lovera consideró que el plazo podría cumplirse si se aceleran las reformas de la gestión libertaria.
“Yo creo que las condiciones están”, afirmó. “Haciendo las reformas y con un proceso mucho más acelerado, identificando los aspectos que deben ser llevados adelante dentro de la economía y del gobierno de Argentina, ese plazo podría ser razonable”, agregó.
Lovera también destacó la necesidad de que los países de la región refuercen la seguridad jurídica para atraer inversiones en un contexto internacional marcado por la incertidumbre. “Uno de los elementos principales que se persigue es la seguridad jurídica”, afirmó. Y agregó que los gobiernos deben “establecer las condiciones para que el sector privado tenga los incentivos para generar iniciativas, tanto en materia de instalación de industrias como de nuevas inversiones”.
En base a La Nación / GDA



