Elio Staffiere, cardiólogo: «La medicina siempre intentó establecer una conexión entre el corazón y la mente, el órgano que está presente y el órgano que no lo está, pero hoy todo se está aclarando con la contribución de la neurociencia»

Puede parecer una metáfora, pero la neurociencia y la cardiología aseguran que no lo es: el corazón puede reaccionar emocionalmente y alarmarse, respondiendo en tiempo real a estados de ánimo, eventos traumáticos, la ira y el miedo.

El estrés prolongado puede provocar un aumento de la presión arterial y la frecuencia cardíaca, predisponiendo a arritmias y eventos cardiovasculares agudos.

A su vez, los trastornos cardiovasculares pueden inducir ansiedad y depresión. La depresión prolongada también puede empeorar una condición cardiovascular ya comprometida.

Todas estas afirmaciones fueron amparadas por la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), que investigó esta relación circular entre el corazón y la psique y recientemente emitió una «Declaración de Consenso Clínico», con indicaciones específicas sobre cómo mantener el equilibrio en la compleja relación entre los trastornos cardiovasculares y la salud mental.

«El análisis de la correlación de la salud mental y las enfermedades cardiovasculares nació de la necesidad cada vez más acuciante de integrar dos mundos aparentemente distantes, que en la práctica clínica se presentan de manera decididamente integrada«, afirmó Elio Staffiere, director de cardiología de la Casa Di Cura San Francesco, instituto médico líder en Bérgamo y asesor nacional de la Sociedad Italiana de Ciencias Médicas (Sismed).

Mente y corazón se retroalimentan: el enfoque de la psicocardiología

Los profesionales de la salud sostienen que quienes padecen trastornos de salud mental tienen un mayor riesgo cardiovascular, del mismo modo en que quienes sufren enfermedades cardíacas suelen verse afectados negativamente en su salud mental.

«La medicina siempre ha intentado establecer una conexión entre el corazón y la mente, entre el órgano que está presente y el órgano que no lo está», manifestó el doctor Staffiere, en diálogo con el Corriere della Sera.

La relación entre el cerebro, la mente y el corazón, objeto de estudio científico. Foto: Archivo Clarín

«Pero hoy todo se está aclarando con la contribución de la neurociencia, que está aclarando el complejo diálogo sistémico entre las emociones, el estado de ánimo; los neuropéptidos -moléculas formadas por cadenas cortas de aminoácidos que actúan como mensajeros químicos en el sistema nervioso; las citoquinas -proteínas que regulan la respuesta inmunitaria del cuerpo- las fibras nerviosas periféricas; y el sistema inmunitario», enumeró el cardiólogo italiano.

Cada uno de los elementos que nombró componen la red integrada que regula el equilibrio dinámico del organismo, según la perspectiva y el enfoque de la psicocardiología.

«Representa un cambio cultural respecto a los modelos de atención actuales, ya que promueve la colaboración operativa entre profesionales de la salud mental y especialistas cardiovasculares», indicó Staffiere.

El cardiólogo con especialidad en geriatría remarcó la necesidad de formar equipos especializados en psicocardiología. «Ya existen diversos centros de atención y tratamiento cardíaco, pero necesitan ampliarse», enfatizó.

«Actualmente existe una falta de protocolos basados ​​en la evidencia que orienten el tratamiento de pacientes con trastornos mentales graves y enfermedades cardiovasculares concomitantes», reflexionó.

La mente piensa, el corazón siente: órganos en conversación constante

La psicocardiología se considera un campo de estudio interdisciplinario que, tal como indica su nombre, fusiona la psicología y la cardiología. Algunos científicos incluso consideran que el corazón tiene su propio «cerebro», ya que posee un sistema nervioso intrínseco con más de 40.000 neuronas que le permiten procesar información, recordar e incluso algunas veces pueden influir en las señales que le envía al cerebro.

Se trata de un proceso complejo que involucra una comunicación constante entre los órganos vitales del cuerpo humano, en sentido bidireccional, y aún sigue bajo objeto de estudio.

Los estados de ánimo y el corazón, fuertemente entrelazados. Foto ilustración Shutterstock.

El rol de los pacientes es fundamental para descubrir cómo se siente y cómo evoluciona. «Como indica la nueva declaración, los pacientes pueden contribuir de manera muy importante al tratamiento», afirmó el doctor Gabriele Catena, también cardiólogo.

«Su colaboración es clave con los especialistas y los equipos de psicocardiología, informando con sinceridad sus síntomas y preocupaciones, explicando sus necesidades, para facilitar el desarrollo de un plan de tratamiento adaptado a sus requerimientos y una estrategia clínica adecuada», señaló Catena.

Tomar nota e informar al equipo médico sobre cómo se siente cada paciente después de cualquier cambio en el tratamiento, también se convierte en datos cruciales para ayudar a los profesionales a identificar qué funciona y qué no.

«Para satisfacer verdaderamente las necesidades reales de los pacientes, la medicina contemporánea ya no puede eludir el diálogo constante, la colaboración y la cooperación entre los distintos especialistas», manifestó la cardióloga Lara Di Diodoro, reconocida por sus estudios sobre la relación entre el riesgo cardiovascular global y el insomnio.

Di Diodoro está convencida de que el desarrollo de habilidades y prácticas compartidas podría extenderse sin duda a los especialistas que tratan enfermedades metabólicas, renales y respiratorias.

La neurociencia, la cardiología y la psicología pueden complementarse para tratar los trastornos de forma integral. Foto: Archivo Clarín

«Aprendemos a diario de los pacientes con enfermedades crónicas que atendemos en nuestras clínicas y que jamás podrían resumirse en un solo capítulo de nuestros manuales», remarcó.

Los principios «ACTIVE» de la psicocardiología

Las recomendaciones de la Sociedad Europea de Cardiología pretenden ser una herramienta que oriente a los médicos hacia evaluaciones y tratamientos integrales para los síntomas de ansiedad o depresión, estrés, problemas graves de salud mental y afecciones cardiovasculares.

La Declaración de Consenso de la ESC propone las siguientes sugerencias para mejorar la salud cardiovascular y la salud mental, a través del acrónimo «ACTIVE»:

  • Acknowledge («Reconocimiento» en inglés): los pacientes y los médicos deben tomar conciencia de los fuertes vínculos entre las enfermedades cardiovasculares y la salud mental.
  • Check («Chequeos» en inglés): los profesionales sanitarios siempre deben comprobar si el paciente se encuentra psicológicamente cómodo durante las visitas por problemas cardiovasculares.
  • Tools (Instrumentos): utilizar herramientas apropiadas, listas de verificación, cuestionarios, para evaluar el bienestar mental del paciente.
  • Implement (Implementación): trabajar juntos para llegar a decisiones compartidas y tratamientos graduales.
  • Venture (Iniciativa): en los casos en que aún no exista una atención conjunta para la salud mental y la salud cardiológica, los pacientes y los profesionales deben comprometerse a implementarlo.
  • Evaluate (Evaluación): los pacientes y el equipo de atención médica deben evaluar los cambios organizativos para garantizar que la atención de la salud mental esté mejorando.

Redacción

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