La artista Nora Iniesta, la de la bandera argentina, la de los colores patrios, demuestra con su última exhibición que los símbolos que forjaron un sentimiento de Patria son infinitos y pueden reinterpretarse una y otra vez. En el Cabildo de Buenos Aires exhibe Celeste bandera, una selección de obras inéditas de sus últimos años que retoma el imaginario de la Revolución de Mayo.

Iniesta es una de las artistas más prolíficas de su generación, con varias muestras al año en distintos espacios donde siempre exhibe trabajos inéditos. Este año recibió el Premio Nacional a la Trayectoria Artística en el 113.º Salón Nacional de Artes Visuales de 2026.
La exhibición surgió a partir de un taller de creación de escarapelas que dio Iniesta en el Cabildo en el marco de la Noche de los Museos 2025. Con ese antecedente, la curadora María Laura Pérez Veronesi, museógrafa del equipo institucional, la invitó a pensar una muestra que recupere el patriotismo genuino, la infancia, la escuela y el juego, temas presentes en la obra de la artista, bajo el paraguas del Cabildo de Buenos Aires.

Iconografías coloniales
En la sala Democracia se exhiben doce piezas con iconografías coloniales y símbolos patrios; algunas de ellas, inéditas, y otras, antológicas. La obra de Iniesta se entiende desde la interpretación de los gestos y la síntesis.
La materia es apenas un medio que lleva un concepto. Iniesta es una administradora de ready-mades patrios, de símbolos que construyen un sentimiento común en un país quebrado, de acuerdos colectivos que forjaron imaginarios, desde los paraguas del pueblo frente al Cabildo hasta los vendedores de velas y empanadas que inspiran los disfraces de los niños argentinos.
La muestra tiene dos ejes visuales, pequeños altares de la Patria. Por un lado, un Cabildo hecho en ladrillos de juguete –en préstamo de la colección Tedesco–; por otra parte, otro altar, donde se exhibe la obra Desobediencia de vida, un conjunto de sillas escolares que simulan darle la espalda a la autoridad, menos una, que elige mirar a la pared donde cuelga un collage cuyo punto de vista es una figurita escolar de un Cabildo pegada sobre una bandeja de cartón dorada.

Los paraguas de cotillón, recuerdos inventados del 25 de Mayo de 1810, también cuelgan en un costado de la sala. Lo mismo que las escarapelas gigantes que incrustó en delantales de plástico transparente en homenaje a las mujeres que le pusieron el cuerpo a la revolución.
Los imaginarios escolares del Virreinato están en esta muestra. “Este es el vendedor de escobas, siempre enmarcado en el blanco y celeste. Me encanta esa iconografía, porque dudo que un vendedor de escobas estuviese así vestido”, comenta con picardía Iniesta.
Vínculos e identidad
“Esos colores que con tanto orgullo nos representan, ese celeste y blanco inundan nuestras vidas y emociones: son un puente enorme por donde pasan nuestros vínculos e identidad”, reflexiona Horacio Mosquera, director del Museo Histórico Nacional del Cabildo y de la Revolución de Mayo. “En esta sala se vuelven tan cercanos que nos invitan a ver cada obra con detenimiento y pasión”, afirma.

Todos los materiales cotidianos y de cotillón que utiliza Iniesta para sus obras están ahí colocados para recordar las fragilidades de lo representado y el acuerdo común de cómo se forjaron narrativas y estéticas para una Nación. Irónicamente, sobre el Cabildo donde se exhiben también hubo que realizar un pacto colectivo para jugar a creer que es el original.
Celeste bandera, de Nora Iniesta, se puede visitar en el Cabildo hasta el 14 de noviembre.

