Banca y tecnología convergen por adquisiciones y finanzas embebidas, no por la bolsa. La pregunta incómoda es cuándo esa creación de valor encontrará, también aquí, su camino al mercado de capitales.
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La ventana global está abierta; atravesarla exige escala, gobernanza y rentabilidad verificable.
Imagen creada con IA
El 12 de junio de 2026 quedará en los manuales de finanzas. Ese día, SpaceX debutó en el Nasdaq bajo el ticker SPCX, levantó 75.000 millones de dólares —casi el triple del récord que Saudi Aramco había fijado en 2019— y cerró su primera rueda valuada por encima de los 2 billones de dólares. Una hora antes de la apertura, la compañía lanzó un cohete desde Florida. Difícil imaginar una metáfora más precisa del momento que atraviesa el mercado de capitales global.
Los números acompañan la épica: las empresas levantaron 128.000 millones de dólares vía IPOs en Estados Unidos en el primer semestre, un salto interanual de 646%, con 35% menos de operaciones. Menos debuts, tickets gigantes. Pero detrás de esas cifras hay un cambio más profundo: salir a bolsa ya no es el destino natural de una empresa tecnológica, sino una decisión que depende de cuánto capital necesita, qué escala alcanzó y qué alternativas encuentra en el mercado privado.
Lo más grande podría estar por venir: durante el segundo trimestre, OpenAI y Anthropic —los dos laboratorios de inteligencia artificial más valiosos del planeta— presentaron confidencialmente sus solicitudes de oferta pública ante la SEC. Ese filing confidencial confirma la intención, no la fecha, y la ventana bien puede correrse a 2027. Pero la dirección es inequívoca, y la razón, elocuente: OpenAI proyecta un resultado negativo de unos 14.000 millones de dólares en 2026 —consecuencia de sus inversiones masivas en cómputo— y Anthropic crece a tasas extraordinarias con un ritmo de inversión comparable. El costo del cómputo es tal que ni el mercado privado más profundo de la historia alcanza a financiarlo. El mercado público vuelve a su función original: fondear a escala lo que ningún otro bolsillo puede. La contracara es la valuación: Morningstar estimó SpaceX en 780.000 millones con un flujo de fondos descontado, menos de la mitad de su capitalización. Las semanas siguientes a su IPO mostraron un retroceso significativo de la cotización, cuyo piso está por verse. Es cierto que el mercado paga opciones reales —Marte, el cómputo orbital— y esa apuesta merece un análisis más profundo.
La revolución fintech, mientras tanto, avanza por dos carriles. Klarna, el gigante sueco del “compre ahora, pague después”, debutó en Nueva York en septiembre de 2025 y muy recientemente celebró una asociación tecnológica muy relevante con J.P. Morgan. El neobanco estadounidense Chime lo había hecho en junio de 2025; y la próxima camada asoma con Ramp, la fintech de tarjetas corporativas valuada en 44.000 millones, que se declara lista para fin de año. Pero las historias más ricas están en los neobancos europeos.
Revolut —fundada en Londres por Nik Storonsky, nacido en Rusia, hoy ciudadano británico, junto al ucraniano Vlad Yatsenko, y que consiguió su primera licencia bancaria europea en Lituania— vale 75.000 millones tras una venta secundaria y pateó su IPO hacia 2028, con preferencia declarada por el Nasdaq. El británico Monzo, en cambio, prepara para este semestre el debut que la City necesita para demostrar que aún puede retener a sus tecnológicas. El alemán N26, en tanto, hoy no tiene planes de cotizar. La síntesis la da Stripe, rentable y con 1,9 billones de dólares procesados: se valuó en 159.000 millones en una recompra privada y su cofundador definió al IPO como “una solución en busca de un problema”. Cotizar dejó de ser el rito de graduación: es una decisión de estructura de capital.
El otro epicentro está en Asia. Hong Kong recuperó en 2025 el primer puesto mundial por fondos levantados y arrancó 2026 con su mejor primer trimestre en cinco años, con más de 300 solicitudes en cola. India consolidó a su bolsa nacional entre las plazas con más debuts del mundo y ya captura uno de cada cinco dólares del mercado de capitales de Asia-Pacífico.
¿Y América Latina? Menos fulgurante — al menos en la bolsa, porque negocio hay: Mercado Pago y Nubank siguen creciendo a escala regional a tasas sustanciales. El gran listado en carpeta, el de Banamex en México, quedó para 2027 —Citi recién desconsolidará el banco a inicios de ese año—, mientras Rappi avanza en su preparación para cotizar y Creditas habría preferido esperar para más adelante. Pero sería un error leer solo ausencias. En la Argentina, la revolución fintech avanza por otra vía: Banco Macro invirtió en Personal Pay, la billetera del ecosistema de Telecom con varios millones de usuarios; y Santander selló con YPF una alianza para administrar las cuentas virtuales de su app, con 3 millones de usuarios activos.
Banca y tecnología convergen por adquisiciones y finanzas embebidas, no por la bolsa. La pregunta incómoda es cuándo esa creación de valor encontrará, también aquí, su camino al mercado de capitales. La ventana global está abierta; atravesarla exige escala, gobernanza y rentabilidad verificable.
Profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad de San Andrés.

