MAR DEL PLATA.- Durante los últimos días, en coincidencia con el mayor movimiento turístico de las vacaciones de invierno en los destinos de la costa bonaerense, se registraron varios avistamientos de ballenas. En algunos casos pudieron observarse desde la costa, aunque las mejores imágenes del espectáculo, siempre impactante, fueron captadas con drones a casi 2000 metros de las playas. Otros tuvieron la posibilidad de vivir la experiencia en primera persona, a escasa distancia de estos gigantes marinos.
“Haciendo foil las tuve ahí nomás, así que salí del agua y me fui a buscar el dron”, cuenta José Carné, vecino de San Isidro y propietario de una casa en Costa Esmeralda. Como tantas otras veces, había ingresado al mar con su tabla y vela cuando se encontró de frente con un par de ballenas. “El año pasado ya tuve una experiencia parecida, también acá. Le llegué a sentir la respiración y hasta el desplazamiento de agua que generan cuando avanzan”, relató a LA NACION sobre el episodio más impactante que vivió mar adentro.

En Mar del Plata también se reportaron avistamientos durante este fin de semana e incluso en días previos. Algunos ocurrieron frente al casco céntrico, donde vecinos y turistas pudieron observarlas emerger desde las piedras y el paseo de Cabo Corrientes.
“Este domingo, temprano, estuvieron cerca en la zona de Playa Serena, al sur, y por la tarde frente a avenida Constitución, al norte”, confirmó Pablo Funes, que ya reunió con su dron una verdadera colección de imágenes de ballenas frente a estas costas.
Estos avistamientos, que poco más de una década atrás eran una novedad capaz de sorprender a todos, se consolidaron con el tiempo como una presencia habitual en este corredor marítimo. En algunos casos incluso demasiado cerca de la costa. Hace un año una ballena volvió a ingresar al espejo interior del puerto de Mar del Plata y este mismo fin de semana se produjo el varamiento de otra en costas de San Isidro, donde murió pese a los esfuerzos de los rescatistas.

Diego Rodríguez, director del grupo de investigación Biología, Ecología y Conservación de Mamíferos Marinos de la Universidad Nacional de Mar del Plata, ratificó que estas costas forman parte de la ruta migratoria que la especie utiliza rumbo a aguas de la Patagonia, donde transcurre la etapa reproductiva.
“El ritmo es bastante similar al de años anteriores, con 50 avistajes registrados en lo que va del año y 20 de ellos desde que comenzaron estas vacaciones de invierno”, comentó a LA NACION al referirse al trabajo de monitoreo que realiza junto a otros investigadores.

Durante 2025 se registraron en la zona unos 150 avistamientos. Si bien este año los primeros ejemplares aparecieron algo más tarde, los especialistas creen que se alcanzará una cifra similar. “Los grupos siguen teniendo las mismas características”, señaló Rodríguez, en referencia a la presencia habitual de dos o tres ejemplares, casi siempre adultos.
Lo que en un comienzo parecía un fenómeno excepcional y con los años se volvió una costumbre obligó también a establecer pautas para la convivencia con estos mamíferos marinos. A partir de un acuerdo entre Prefectura Naval Argentina, clubes náuticos, gremios pesqueros e instituciones ambientalistas, Mar del Plata cuenta con un protocolo que establece distancias mínimas y medidas de protección para evitar molestias o riesgos cuando se producen encuentros en alta mar.
Cuando las ballenas se desplazan muy cerca de la costa suelen compartir el espacio con deportistas que practican surf, windsurf o stand up paddle. La recomendación es mantenerse a una distancia mínima de 200 metros. Quienes no respeten esa norma pueden ser sancionados.
Carné asegura que este fin de semana vivió una situación de ese tipo en Costa Esmeralda. “Apenas las vi me volví para la costa”, contó. En su caso practica una disciplina impulsada por una vela, sobre una tabla equipada con una quilla especial que, gracias a la velocidad del viento, le permite desplazarse casi un metro por encima de la superficie del mar. “Por eso también es más fácil verlas por encima del movimiento de las olas”, explicó.

La experiencia que tuvo el año pasado todavía lo conmueve. Si bien en esa zona ya se habían registrado algunos ejemplares en tránsito, nunca los había visto tan cerca. “Venía lanzado y se me apareció de golpe, casi la choco”, recordó sobre una situación que le exigió una maniobra brusca para evitar el impacto. Aun así, admite que se llevó una sensación irrepetible. “Se le escuchaba la respiración y se sentía en la tabla hasta el desplazamiento de agua que genera a su paso”, relató.
Los registros de ballenas frente a las costas marplatenses, según el grupo de investigación Biología, Ecología y Conservación de Mamíferos Marinos de la Universidad Nacional de Mar del Plata, se remontan a mediados de la década de 1970. Sin embargo, fue hace poco más de diez años cuando comenzaron a multiplicarse hasta superar el centenar de avistamientos anuales. En algunos casos se observaron ejemplares con crías y hasta se logró registrar con drones una situación de cópula frente a estas costas.

La especie, vale recordar, se dirige en esta época hacia la zona de Península Valdés, uno de los principales sitios elegidos para la reproducción. El otro gran punto de concentración se encuentra en Brasil, en la región de Santa Catarina.


