Mumi dejó atrás la vida en la ciudad y hace años eligió instalarse en el medio del monte, precisamente en el paraje San Miguel, en Cortaderas, San Luis. Allí vive sola y administra un complejo de cabañas, una actividad que fue construyendo de manera progresiva y que hoy ocupa buena parte de sus días.
Su rutina combina el mantenimiento de las instalaciones, la atención de los huéspedes y distintas actividades personales. También suele trasladarse hasta Cortaderas o Merlo para hacer compras, realizar trámites y resolver cuestiones que no puede atender cerca de su casa.
En una entrevista con el creador de contenido de viajes en Argentina, Fernando Ressia, al explicar a qué se dedica actualmente y qué significa para ella esa actividad, Mumi lo resumió de una manera muy concreta: «Ahora administro un complejo de cabañas, es lo que me gusta hacer y comparto con la gente. Siempre trato de agradecer porque eso siempre trae todo lo bueno».

Llegó a la zona en 2008 y, después de separarse del padre de sus hijos en 2010, comenzó una etapa en la que se acostumbró a organizar su vida de manera independiente. Con el tiempo, esa forma de vivir se convirtió en una elección que hoy disfruta.
Un emprendimiento que creció con los años
El complejo comenzó con dos cabañas. En ese momento, Mumi todavía trabajaba en relación de dependencia y destinaba parte de sus ingresos a continuar con el proyecto. Su intención original era construir seis unidades, pero finalmente decidió detenerse en cuatro.
La tercera cabaña tuvo además una ayuda familiar. Después de que su padre vendiera una propiedad en Buenos Aires, repartió parte del dinero entre sus hijos y Mumi utilizó lo que recibió para avanzar con la construcción.

Con el tiempo, también descubrió qué tipo de visitantes llegaban con mayor frecuencia a la zona. Según explicó, hay una mayor presencia de familias que de parejas, por lo que sus cabañas pueden recibir grupos de hasta seis personas.
Una rutina lejos de la ciudad
Vivir sola no significa para Mumi estar aislada. Tiene amigas en Villa Elena con las que suele encontrarse al menos una vez por semana y también organiza comidas durante los fines de semana.
La actividad en las cabañas también ocupa buena parte de su tiempo. Durante los períodos de menor ocupación se dedica a limpiar, barrer, mantener los vidrios y revisar los distintos espacios para que todo esté preparado cuando llegan los huéspedes.

Su vida cotidiana, explica, está organizada de acuerdo con sus propios horarios. Puede decidir cuándo quedarse en casa, cuándo ir al pueblo o cuándo trasladarse hasta Merlo, sin tener que adaptar esas decisiones a otra persona.
Naturaleza, trabajo y agradecimiento
El complejo está atravesado por una acequia que recibe agua del arroyo San Miguel. También cuenta con una pileta que algunos huéspedes utilizan incluso durante los meses de invierno, pese a que no está climatizada.

El entorno natural es una parte importante del lugar. Las cabañas tienen vistas hacia las sierras y desde algunas zonas se puede escuchar el agua del arroyo. Mumi también destaca el parque y los espacios exteriores del complejo.
Para Mumi, agradecer ocupa un lugar importante en esa filosofía. Su vida actual combina el trabajo en las cabañas, los vínculos que fue construyendo en la zona y la tranquilidad de vivir rodeada de naturaleza. Una elección que, con el paso de los años, terminó convirtiéndose en su forma cotidiana de vivir.

