RoadShow – Los países de América latina con más deuda pública en 2026: dónde está el mayor riesgo

Bolivia, Brasil y Surinam aparecen entre las economías más endeudadas del mundo en relación con su PBI. Sin embargo, los analistas advierten que el nivel de deuda no es el único factor que determina el riesgo: también pesan los intereses, el déficit fiscal, las reservas y el acceso al financiamiento.

La deuda pública de América Latina muestra una brecha cada vez mayor entre países, con economías que enfrentan situaciones fiscales muy diferentes pese a pertenecer a la misma región.

Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI) revisados por el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), Bolivia, Brasil y Surinam se encuentran entre las 30 economías del mundo con mayor deuda pública en relación con el tamaño de su economía.

Pero el nivel de endeudamiento por sí solo no alcanza para determinar qué país enfrenta una situación más delicada. El costo de los intereses, el déficit fiscal, la moneda en la que está denominada la deuda, las reservas internacionales y la capacidad de acceder nuevamente a los mercados son algunos de los factores que los inversores utilizan para medir el riesgo.

Cuáles son los países más endeudados del mundo

La deuda pública como porcentaje del PBI muestra importantes diferencias a nivel global. Para 2026, los países con los ratios más elevados son:

  1. Japón: 204,4% del PBI
  2. Singapur: 171,9%
  3. Sudán: 169,1%
  4. Baréin: 152,4%
  5. Italia: 138,4%
  6. Grecia: 136,9%
  7. Senegal: 132,3%
  8. Maldivas: 129,4%
  9. Estados Unidos: 125,8%
  10. Ucrania: 122,6%

En América Latina, los casos que aparecen entre las economías con mayor endeudamiento son Bolivia, Brasil y Surinam.

La diferencia entre el país más y menos endeudado de la región también se amplió. Mientras que en 2019 era de unos 63 puntos porcentuales del PBI, para 2026 se proyecta que llegue a 73 puntos, de acuerdo con el IIF.

Bolivia, el país con mayor vulnerabilidad

Bolivia presenta el panorama fiscal más delicado de América Latina, según los analistas consultados.

Su deuda pública alcanzaría el 102% del PBI en 2026, mientras que la deuda externa representa el 41,1% del total.

Sin embargo, el principal problema no sería solamente el tamaño de la deuda, sino la escasez de dólares y el bajo nivel de reservas internacionales líquidas.

Las reservas internacionales netas de Bolivia se ubicaban en US$3.347 millones en junio de 2026, frente a una deuda pública externa de US$14.358 millones.

Esto representa una cobertura de apenas 23%.

Dentro de las reservas brutas, el oro representaba unos US$3.581 millones en mayo, mientras que las divisas líquidas alcanzaban apenas US$897 millones.

Por eso, los analistas consideran que Bolivia enfrenta simultáneamente un problema fiscal, cambiario y externo, con pocas fuentes disponibles para conseguir financiamiento.

Brasil: mucha deuda, pero con una estructura diferente

Brasil tiene una deuda pública equivalente al 96,5% del PBI, el nivel más elevado de América Latina entre las grandes economías en términos absolutos.

El stock ronda los US$2,1 billones a mediados de 2026.

Sin embargo, su estructura reduce algunos de los riesgos que enfrentan otros países de la región. Cerca del 95% de la deuda está denominada en reales y en manos de inversores locales, mientras que la deuda externa representa apenas el 4,5% del total.

Por eso, el principal desafío de Brasil no está relacionado con la disponibilidad de dólares para pagar deuda externa, sino con el costo de financiar su elevado endeudamiento.

La factura de intereses del Gobierno general llegaría al 7,25% del PBI en 2026, la más alta de América Latina.

El déficit primario se ubicaría en 0,45% del PBI y, bajo las actuales proyecciones, la deuda podría escalar hasta 106,5% del PBI en 2031.

Surinam: una deuda que cambia con el tipo de cambio

Surinam representa otro caso particular.

Su deuda pública pasó del 84% del PBI en 2019 al 146,4% en 2020. Después de una reestructuración, descendió al 88% en 2024, volvió a subir al 105,8% en 2025 y el FMI proyecta que termine 2026 en 87,1%.

La fuerte volatilidad del indicador responde en buena medida a los movimientos del tipo de cambio y a las revisiones del PBI.

En una economía pequeña y altamente dolarizada, el ratio deuda/PBI puede modificarse considerablemente sin que exista un cambio equivalente en el volumen de deuda.

El país también arrastra antecedentes recientes de reestructuración e inflación elevada. Sin embargo, el desarrollo de nuevos proyectos petroleros podría mejorar su capacidad de pago en los próximos años si mantiene la disciplina fiscal.

México tiene una deuda menor, pero aumentó el costo de los intereses

México presenta un panorama diferente. Su deuda pública se ubicaría en 62,7% del PBI en 2026, un nivel considerado relativamente cómodo entre las grandes economías latinoamericanas.

El problema aparece en el costo de financiamiento.

La factura de intereses aumentó desde el equivalente al 4,41% del PBI en 2019 hasta 5,98% en 2026.

Al mismo tiempo, México registra un superávit primario estimado en 1,6% del PBI.

Por eso, los analistas señalan que la principal tensión no está tanto en el stock de deuda como en el costo de mantenerla y en los pasivos contingentes que podrían aparecer en el futuro.

Argentina: deuda elevada, pero con mejora fiscal

En el caso de Argentina, la deuda pública alcanzaría el 70,4% del PBI en 2026.

El país presenta una situación particular porque logró una mejora rápida de sus cuentas fiscales y mantiene un superávit primario de 1,9% del PBI.

La principal vulnerabilidad continúa vinculada al acceso al financiamiento externo.

Argentina todavía depende del programa con el FMI y no recuperó completamente un acceso estable a los mercados internacionales de deuda.

Por eso, aunque el nivel de deuda es inferior al de Bolivia o Brasil, los inversores continúan observando de cerca la capacidad del país para refinanciar sus obligaciones y acumular reservas.

Ecuador y El Salvador: la deuda no cuenta toda la historia

Los analistas también ponen el foco en países cuyo ratio de deuda no parece especialmente elevado, pero que presentan vulnerabilidades particulares.

Ecuador, por ejemplo, tendría una deuda pública equivalente al 52,8% del PBI en 2026.

A primera vista, el nivel parece relativamente cómodo. Sin embargo, su economía está completamente dolarizada, por lo que el país no dispone de una moneda propia que pueda utilizar como mecanismo de liquidez ante una crisis.

Una interrupción del financiamiento externo puede transformarse rápidamente en un problema de liquidez.

El Salvador presenta una vulnerabilidad similar debido a su dolarización y a las dificultades asociadas a su programa con el FMI.

Qué miran los inversores para medir el riesgo de la deuda

El nivel de deuda pública es apenas uno de los indicadores que utilizan los mercados.

Entre los principales factores se encuentran:

  • Costo de los intereses en relación con los ingresos y el PBI.
  • Déficit o superávit primario.
  • Moneda en la que está denominada la deuda.
  • Participación de inversores extranjeros.
  • Plazo promedio de los vencimientos.
  • Nivel de reservas internacionales.
  • Acceso a los mercados de financiamiento.
  • Crecimiento económico.
  • Situación de la cuenta corriente.
  • Dependencia de las materias primas.
  • Pasivos contingentes de empresas estatales.
  • Credibilidad del Gobierno, el banco central y las reglas fiscales.

Por eso, un país con una deuda elevada pero financiada principalmente en moneda local, a plazos largos y con un mercado doméstico profundo puede presentar menos riesgo que otro con una deuda menor, pero con vencimientos inmediatos, pocas reservas y dificultades para conseguir financiamiento.

La deuda latinoamericana muestra una brecha cada vez mayor

El principal cambio en América Latina no está necesariamente en el promedio de endeudamiento, sino en la creciente distancia entre las situaciones fiscales de los distintos países.

Bolivia enfrenta un problema de liquidez externa y reservas, Brasil tiene una fuerte carga de intereses y Surinam continúa expuesto a la volatilidad cambiaria y a sus antecedentes de reestructuración.

Argentina, México y otras economías presentan desafíos diferentes.

El escenario muestra así que no existe un único riesgo de deuda para América Latina. La capacidad de cada Gobierno para pagar, refinanciar sus obligaciones y sostener la confianza de los inversores dependerá cada vez más de la combinación entre crecimiento, cuentas fiscales, reservas y acceso al mercado.

Redacción

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