Rocío Ceccotti Ponte, vivir entre cuentas y cuentos

Rocío Ceccotti Ponte habla rápido, como en sus videos, de la cuenta de Instagram @lacupuladepapel que le sirve de ventana para analizar libros y autores. Porque su pasión es la literatura. Además, ejerce como contadora pública y en el momento de la charla telefónica con el programa Eco de Radio de Radio Universidad está en plena faena con las liquidaciones de bienes personales y ganancias.

“Esta parte del año es tremenda para los contadores”, detalla. Pero igual se las ingenia para subir contenidos a sus redes y armarse de espacios para leer entre los compromisos profesionales. “Leo cuando puedo y, como vivo lejos, aprovecho los viajes a la Capital”, manifiesta.

A Rocío siempre le gustó leer y canalizó esa vocación al convertirse en coordinadora de clubes de lectura, esos encuentros entre lectores para analizar determinado libro. Esa modalidad cambió con la pandemia y el aislamiento obligatorio que cerró cualquier posibilidad de reuniones colectivas. Entonces, en la clausura, Rocío conectó con el mundo virtual para seguir con su actividad literaria.

“Empecé con TikToK, pero me di cuenta de que ahí hay mucha literatura juvenil”, recordó. Luego desembarcó en Instagram y su mensaje se potenció y comenzó a ganar muchos seguidores. Aparte de explicar un libro, armó una sección que pasa más por el chisme de la vida privada de los escritores.

“Una vez hablaba de un libro de José Bianco y agregué un chisme sobre sus peleas con Victoria Ocampo. ¡Eso tuvo más repercusión que el libro!”, señala entre risas.  Bianco trabajaba en la editorial Sur que dirigía Ocampo, era su mano derecha, pero esa cercanía se cortó cuando el escritor aceptó una invitación del gobierno de Fidel Castro para ser jurado de un concurso literario.

“Siempre me gustó la historia y aprendí mucho por medio de los chismes. La mayoría de los escritores tuvieron vidas tremendas”, revela Rocío, y admite que sabe poco de música o cine porque todo su tiempo libre lo dedica a leer. Aunque esa falta no le pesa.

Consultada sobre sus autores favoritos, no duda en insistir con Bianco y menciona a otro argentino: Marco Denevi. “Es poco reconocido y es un gran escritor. Sus novelas ‘Rosaura a las diez’ y ‘Ceremonia secreta’ fueron llevadas al cine”, enfatiza con razón, porque el escritor nacido en Tres de Febrero fue muy popular entre los años 50 y 80 del siglo pasado.

El eco en sus seguidores

Rocío lee, en su mayoría, textos de editoriales independientes. “Me gustan el criterio y el corazón que le ponen al trabajo”, destaca, y valora el empuje que mantienen en el contexto de crisis económica. De los títulos que más repercusión consiguen entre la audiencia, subraya el caso de Pedro López Godoy. “Ganó un montón de premios y es muy joven. Escribe cuentos de suspenso, muy cercanos al estilo de Samanta Schweblin. También Paul Auster y Almudena Grande despiertan el interés del público”, apunta.

En otro tramo de la charla, salta el nombre de María Gainza y su libro “El nervio óptico”, que está en lo alto de la consideración de lectores y la crítica. “María es especialista en arte y en el libro relaciona cuadros y pintores con lo que le pasó en su vida. Además, pertenece a la familia Gainza Paz, dueños del diario La Prensa e integrantes de la aristocracia porteña. Es interesante cuando ella cuenta cómo vivían, aunque le tocó presenciar la decadencia”, señaló.

También valoró que esos cuadros que son el eje de “El nervio óptico” se puedan ver gratis en los museos porteños. Gainza vivía sobre la avenida Libertador, cerca de muchos de esos lugares. Otro chisme: el abuelo de Rocío trabajó en la imprenta del diario La Prensa. “Nos contaba las veces que se quedaban hasta muy tarde esperando el resultado de una pelea de boxeo que no podía faltar en la portada del diario”, evoca.

Un libro inolvidable

Hay una pregunta retórica que apunta a definir si la literatura tiene un sentido, si sirve para algo. En un mundo utilitario y mercantil, leer es subversivo. Rocío reconoce que “Anagramas”, de Lorrie Moore, le cambió la vida: “Se trata de tres personajes que adoptan roles distintos según la situación. Yo pasaba una situación personal difícil cuando lo leía llorando a mares. Esa historia me hizo terminar la relación con dos personas”.

La contadora pública deberá volver a los números y las planillas para cumplir con los clientes y el fisco. Anotará en libros contables el debe y el haber. Las novelas quedarán para después. Para ella, la vida es un balance entre las cuentas y los cuentos.

Redacción

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