El sector inmobiliario español tiene un nuevo modelo de negocio que gana adeptos a gran velocidad: el Rent to Rent. Rocío, una emprendedora que hoy gestiona 75 habitaciones, lidera esta tendencia desde el País Vasco.
Este método consiste en alquilar un inmueble completo al propietario para subarrendar sus estancias de forma individual a distintos inquilinos.
La trayectoria de esta inversora comenzó de la mano de la formación en finanzas. Ella trabajaba en una empresa de cursos digitales en Madrid cuando asistió a una charla de Carlos, el creador de Libertad Inmobiliaria.
En ese momento, una frase caló hondo en su mentalidad y le dio el impulso definitivo para actuar. «El riesgo para mí es no hacer nada», afirmó Rocío sobre el lema que cambió su visión de las inversiones.

Su andadura se inició en diciembre de 2019 con la compra de su primer piso en Zaragoza. El proceso resultó complejo, ya que la posterior declaración de la pandemia paralizó las obras de reforma de la vivienda.
Pese a las dificultades de esa primera hipoteca, la experiencia le sirvió para perder el temor a no alquilar su propiedad. Antes de dedicarse por completo al sector inmobiliario, la empresaria buscó ingresos alternativos y probó suerte con la venta en Amazon.
Tras dos años de duro esfuerzo y récords de facturación, decidió abandonar esa plataforma debido a la opacidad en las cuentas y a las altas exigencias del sitio. «Amazon me resultó muy complicado», recordó la gestora sobre la dificultad para calcular sus beneficios reales en ese comercio.
Rentabilidad y expansión: el modelo que le permitió hacer crecer su cartera
La sencillez del negocio de los bienes raíces la atrajo de vuelta de forma definitiva. Al comparar las complejas hojas de datos de las ventas en línea con los números claros de sus propiedades, vio su verdadera vocación. Con la llegada de su segunda hija en el año 2023, fijó el objetivo de conseguir su primer contrato de subarriendo en Bilbao.
La captación inicial exigió una intensa labor de llamadas en portales digitales. El esfuerzo dio frutos cuando contactó con el dueño de un inmueble de cinco habitaciones en Bilbao, un propietario muy desorganizado a quien decidió convencer con perseverancia.
«Nadie va a ser tan pesada como voy a ser yo», aseveró Rocío para detallar la insistencia que le permitió firmar aquel primer acuerdo con un casero.
A partir de ese éxito, la cartera de propiedades se expandió gracias al boca a boca y a las recomendaciones de amigos e inversores. En Bilbao, el pago mensual al propietario ronda los 950 euros, mientras que cada habitación se ofrece por unos 400 euros.
Con esta estructura de precios, la rentabilidad resulta muy atractiva para quien gestiona el activo. «En un piso típico como mínimo me tiene que salir un beneficio de unos 410 euros. Está súper bien y, además, tiene mucho sentido, porque es el precio de una habitación», puntualizó la experta. De este modo, si una estancia queda vacía algún mes, el negocio no genera pérdidas.
Para convencer a los propietarios de los inmuebles, Rocío ofrece una propuesta de valor muy clara. Ella asume el mantenimiento de la casa, garantiza la puntualidad en los pagos y reduce el temor a los impagos o a la ocupación ilegal.
«Los pisos de otros los gestiono y los trato como si fueran míos», ratificó al destacar el alto compromiso con los dueños que delegan en ella.
El éxito de la operación depende de un filtro riguroso de las personas que entran a vivir. La prisa por llenar los espacios vacíos suele ser el origen de los problemas de convivencia en los pisos compartidos. «Mi peor error que he cometido varias veces ha sido tener prisa por llenar una habitación», reconoció la inversora sobre los fallos del pasado.
A pesar de la rotación habitual de este mercado, que se sitúa en una media de seis meses por inquilino, Rocío encuentra una gran satisfacción en su trabajo. Su propósito actual es un crecimiento sostenido que le permita disfrutar de su familia y mantener una vida libre.

