Sandro Veronesi (Florencia, 1959) invita al lector a que le acompañe hasta la pequeña localidad costera de Fiumetto, en Italia. Es un viaje al pasado, al verano de 1972, y en un primer momento uno puede pensar que su propuesta en su nueva novela Septiembre negro ( Anagrama / Periscopi) es un tranquilo paseo por aquella época, pues así parece indicarlo su pausada prosa y la cotidianidad que narra en sus capítulos. Sin embargo, el escritor anuncia desde casi la primera página que va a ocurrir una tragedia. “Tarde o temprano cometería un error que pagaría caro”. “Esto iba a tener su importancia en los acontecimientos de los meses siguientes”. “Yo nunca había sentido celos. Nunca había tenido por qué sentirlos. Ese era el problema”.
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