Por Penélope Garaffa*
El día de un trabajador del Conurbano bonaerense que trabaja en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) comienza mucho antes de llegar a su puesto laboral. Suena el despertador y por delante le esperan varias horas de viaje, entre retrasos, combinaciones y traslados. Como él, cientos de miles de personas recorren largas distancias todos los días para llegar a sus empleos.
Según un informe del Gobierno porteño, cerca de 1,2 millones de personas viajan todos los días más de dos horas desde el Gran Buenos Aires hacia la Ciudad en trenes, subtes y colectivos. «Paso cinco horas al día en el transporte público. Es agotador, pero ya me acostumbré», describe Aixa Bean, periodista, que viaja todos los días desde Gregorio de Laferrere, en el partido de La Matanza, hasta el barrio porteño de Belgrano.

Menos descanso, más gastos y estrés cotidiano
Su testimonio resume una rutina que extiende su jornada laboral y le resta horas de descanso y vida personal. Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado este año con datos extraídos del INDEC, los habitantes del Gran Buenos Aires destinan un promedio de 94 minutos diarios a traslados de ida y vuelta al trabajo, frente a 61 minutos registrados en el resto de las regiones del país.
Estas dificultades también complican la vida de los estudiantes. «El año pasado tenía que salir temprano de una clase a la noche porque, si no, no podía volver a mi casa», cuenta Lautaro Macia, estudiante de un conservatorio porteño que viaja desde Monte Grande a Once. La disponibilidad del transporte público termina condicionando la organización de sus horarios académicos y las posibilidades de sostener sus estudios.
Según explica la Lic. en Psicología Macarena Cravino, consultada para esta nota, viajar diariamente en transporte público bajo malas condiciones puede convertirse en un factor de estrés adicional a las exigencias laborales, académicas y personales. Cuando estas situaciones se repiten de manera cotidiana y sostenida, pueden contribuir al malestar psicológico. Además, la especialista advierte que, en personas que ya cuentan con un diagnóstico de salud mental, este tipo de situaciones puede representar un factor de estrés adicional que dificulte su bienestar.

El costo de vivir lejos del trabajo
El tiempo no es el único costo para quienes recorren largas distancias todos los días. Aixa también debe destinar una importante parte de sus ingresos al transporte público: según cuenta, gasta alrededor de 160.000 pesos mensuales para trasladarse entre su casa y el trabajo.
Ese monto, que representa casi un tercio de un salario mínimo, permite dimensionar el impacto económico de una rutina que exige combinar distintos medios de transporte. Al aumento de los últimos meses se suma el deterioro de los servicios por la baja de usuarios, con menos frecuencias y más complicaciones para los usuarios.
Las desigualdades detrás de cada viaje
Las distancias, la disponibilidad de transporte y la distribución de los empleos condicionan la manera en que las personas acceden a las oportunidades laborales y generan desigualdades sociales y económicas entre quienes viven en CABA y los que residen en el Conurbano.
El impacto de las jornadas laborales también se refleja en el tiempo disponible para la vida personal. El citado informe de la OIT señala que, en Argentina, las personas que trabajaban más de 46 horas semanales dedicaban 18 minutos menos por día a actividades recreativas y de convivencia que aquellas que trabajaban menos de 35 horas. El estudio advierte que, cuantas más horas se destinan al trabajo y a los traslados, menos quedan para descansar, estudiar o compartir con otras personas.

El tiempo que queda en el camino
Se trata de un tiempo que no figura en el horario de trabajo, pero que condiciona cuánto se puede descansar, estudiar o compartir con otras personas. Aunque muchos intentan aprovechar esos trayectos para leer, escuchar música, estudiar o simplemente descansar, las horas de viaje siguen formando parte de una rutina que comienza mucho antes de fichar y termina varias horas después de salir del trabajo.
*Estudiante de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), en el marco del Taller de Gráfica VI



