Cada familia tiene sus propias reglas a la hora de convivir con una mascota y una de las dudas más frecuentes entre los dueños de perros es si es conveniente o no dejarlos dormir en la cama.
Lo cierto es que no existe ninguna contraindicación para compartir ese espacio con los animales, siempre que no haya restricciones específicas, como alergias u otras condiciones de salud. De hecho, distintas investigaciones señalaron que esta práctica puede tener beneficios.
Sin embargo, los especialistas remarcan que lo más importante es establecer límites claros desde los primeros meses de vida del perro y mantenerlos en el tiempo.
«Si un perro pudiera elegir entre descansar en un lugar cómodo o en uno menos cómodo, probablemente elegiría el más confortable»
Si bien los beneficios del colecho entre humanos y perros son evidentes para muchas personas, el educador canino Víctor Padilla asegura que ninguna postura es mejor que otra.

«Hay personas que prefieren que el perro no suba a la cama y otras que disfrutan compartiendo ese espacio con él. Ninguna opción es mejor o peor por sí misma«, explicó el autor del libro «Tu perro habla. Aprende a entenderlo».
En ese sentido, señaló que, si un perro pudiera elegir entre descansar en un lugar cómodo o en uno menos cómodo, «probablemente elegiría el más confortable, igual que haríamos nosotros».
Por eso, remarcó que el límite debe ser establecido por los dueños y que lo importante es que las normas sean claras y exista coherencia dentro de la familia.

Además, recomendó que, si las circunstancias cambian y el perro deja de dormir en la cama, esa modificación se haga de forma progresiva para facilitar la adaptación del animal.
¿Cómo enseñar a un perro a dormir en su cama?
Si el objetivo es que el perro deje de dormir en la cama con sus dueños, los especialistas recomiendan hacerlo de manera gradual, especialmente si se trata de un animal adulto que lleva mucho tiempo acostumbrado a ese hábito.
Según el sitio especializado Filosofía Animal, el primer paso es ofrecerle una cama adecuada a su tamaño, en la que pueda acostarse y estirarse con comodidad.
Para facilitar la transición, aconsejan colocarla al lado de la cama de los dueños al principio, para que el cambio no resulte tan brusco.

Además, sugieren generar una asociación positiva con ese nuevo espacio a través de premios, juguetes o snacks cada vez que el perro se acerque o descanse ahí.
Es decir, una vez que empiece a reconocer su cama como un lugar seguro y confortable, se puede reforzar ese comportamiento con pequeñas recompensas.
También advierten que no es conveniente echar al perro de la cama de un día para el otro, ya que eso puede generarle estrés. En cambio, remarcan que se trata de un proceso que requiere paciencia y que puede llevar desde algunos días hasta varias semanas o incluso meses.

