Una pregunta es el motor de la obra de Pierre Huyghe: ¿qué es una realidad? Y su forma de transmitir esa inquietud son sus instalaciones vivas, pensadas como obras no cerradas, como sistemas que evolucionan de forma autónoma e interactúan con el observador para hacerle partícipe de la obsesión del creador. Una práctica que le ha dado la vuelta al mundo del arte inspirando a la generación posterior.
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